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jueves, 19 de marzo de 2020

la forma incorrecta de decidir qué pacientes reciben atención hospitalaria

N/E: Una cruda y triste realidad en época del Coronavirus:
Ante el limitado número de camas de hospital, ventiladores y otros recursos para atender a los pacientes con coronavirus, los adultos mayores posiblemente no tendremos prioridad en la hospitalización


Crisis de coronavirus: la forma incorrecta de decidir qué pacientes reciben atención hospitalaria





En un hospital de la ciudad de Nueva York, un médico de la unidad de cuidados intensivos se enfrenta a un terrible dilema: hay dos pacientes con coronavirus en una situación grave, y ambos compiten por una sola cama y ventilador disponibles en la UCI. Uno es un fumador empedernido de 57 años y el otro un corredor de maratón de 72 años.
¿Quién debería conseguir la cama?
El gobernador Cuomo ha sido claro: Nueva York no tendrá suficientes camas de hospital, ventiladores y otros recursos para satisfacer nuestra creciente necesidad de tratamiento de pacientes infectados por el nuevo coronavirus. Esto refleja problemas en todo el país. Lo que significa que los proveedores de salud individuales tendrán que luchar con esa cosa terrible: el racionamiento.
Para un especialista en ética profesional como yo, esto es aleccionador pero poco sorprendente. Somos criaturas finitas en un mundo de recursos finitos. La idea de que siempre y en todas partes somos dueños de nuestro propio destino, y podemos resolver colectivamente cada problema sin compensaciones dolorosas, es una ilusión. Nuestro momento de coronavirus es un recordatorio dramático de esto.
Pero eso no significa que no debamos tratar de dar lo mejor de nosotros, y agradecerle a Dios por los trabajadores de la salud verdaderamente heroicos en la primera línea. Especialmente dado que la mayoría sabe que su situación está a punto de empeorar.
Los italianos ya se han enfrentado a los desalentadores dilemas morales del racionamiento, y en una orientación a los proveedores, el gobierno italiano ha recomendado que los recursos sean racionados por edad.
Según una traducción de la guía del gobierno, el racionamiento basado en la edad es "una forma de proporcionar recursos extremadamente escasos a aquellos que tienen la mayor probabilidad de supervivencia y podrían disfrutar del mayor número de años de vida salvados".
Los bioeticistas como yo no estamos de acuerdo sobre qué valores deberían guiar el racionamiento, pero generalmente estamos de acuerdo en centrarnos en aquellos que pueden beneficiarse del tratamiento. Si la edad de un paciente hace que sea poco probable que se beneficie, la verdad es que los recursos limitados probablemente irán a otra persona.
Pero luego está el "número de años de vida" que el paciente podría "disfrutar", como lo expresaron los italianos. Esta consideración proviene de la creciente tendencia de los proveedores a pensar de manera implícita o explícita sobre cuántos "años de vida ajustados por calidad" podrían producir sus intervenciones. Es una mentalidad venenosamente utilitaria e inherentemente discriminatoria. Es ageist - discriminatorio contra los ancianos - y capaz - discriminatorio contra los discapacitados - en su esencia.
En muchos países europeos, por ejemplo, los profesionales médicos y la cultura de élite más amplia consideran que las personas nacidas con síndrome de Down tienen una calidad de vida tan baja que sería mejor no haber nacido. Pero cualquiera que ama a alguien con síndrome de Down sabe que es una de las personas más alegres del mundo. ¿Qué sucede si una víctima de la corona que compite por una cama o un ventilador tiene síndrome de Down? Incluso algunos hospitales de los Estados Unidos están considerando usar la "calidad de vida" como parte de su proceso de racionamiento.
No debería depender de los médicos decidir cuál calidad de vida subjetiva merece ser prolongada. Los médicos casi siempre califican la calidad de vida de sus pacientes significativamente más baja que los pacientes, y pasan por alto el hecho de que sus pacientes a menudo prefieren la duración de la vida a la calidad de vida (lo que sea que eso signifique). En resumen, son terribles decisores sobre quién debería vivir y quién debería morir.
Si llega el racionamiento, debemos defender inequívocamente a los marginados y vulnerables, los ancianos y los discapacitados.
Felizmente, el estado de Nueva York elaboró ​​un protocolo en 2008 titulado "Asignación de ventiladores en un desastre de salud pública" (en gran parte reafirmado en 2015) diseñado para un momento como el nuestro. Sabiamente, nuestro estado insiste en que los problemas de edad y salud o las discapacidades no relacionadas con lo que está causando la epidemia no deberían servir como base para el racionamiento. El pronóstico para la recuperación es lo que importa.
Un hospital de Nueva York podría optar por dar su último ventilador al corredor de maratón de 72 años en lugar de al fumador de paquete diario de 57 años. Nuevamente, basado solo en el pronóstico de recuperación. La objetividad del estándar elimina gran parte de la ideología subjetiva del médico de la imagen.
El protocolo también dice que el público debe asegurarse de que nuestros puntos de vista se reflejen en las políticas estatales y hospitalarias cuando ocurra una epidemia. Llegamos tarde a la fiesta, pero no hay tiempo como el presente para ser escuchados y mantener a la comunidad de atención médica con estándares éticos transparentes.
Una vez más, los médicos y los hospitales están haciendo un trabajo heroico en condiciones traumáticas. Estamos más que bendecidos de tenerlos. Pero está en condiciones sumamente difíciles como la actual cuando las culturas tienden a abandonar sus valores fundamentales.
Si llega el racionamiento, debemos defender inequívocamente a los marginados y vulnerables, los ancianos y los discapacitados, para que lo que el Papa Francisco no haya denunciado ya que la cultura moderna desechable los considera prescindibles.
Charles Camosy es profesor asociado de ética teológica y social en la Universidad de Fordham y autor del nuevo libro "Resisting Throwaway Culture". Twitter: @CCamosy
Fuente: New York Post

martes, 20 de marzo de 2018

Tecnología: robots para cuidar a los ancianos

Japón confía en la última generación de robots para cuidar a los ancianos

Con humanoides para los ejercicios, perros electrónicos y focas terapéuticas, la residencia Shintomi es pionera en alta tecnología para atender a ancianos



ENVIADO ESPECIAL A TOKIOActualizado:

A los mayores de la residencia Shintomi, en Tokio, no los levanta cada mañana un despertador, sino Sota, un pequeño robot azul y blanco de brillantes y ojazos negros, que preside sus mesillas de noche junto a sus pastillas. Además de darles los buenos días y recordarles las horas de su medicación, este «muñeco», de treinta centímetros, dispone de una cámara con rayos infrarrojos para detectar si los ancianosse caen de la cama, lo que haría saltar una alarma en los móviles de los cuidadores. Desarrollado por Intellivoice, cuesta 300.000 yenes (2.300 euros) y es capaz de entablar una conversación sencilla con los mayores, para que no se sientan solos.

En Japón, el país de la alta tecnología, ya están aplicando la robótica al cuidado de ancianos, lo que supone una revolución para una sociedad envejecida que, junto con España, Suiza y Australia, disfruta de la esperanza de vida más alta del mundo: 86 años para las mujeres y 80 para los hombres. De sus 127 millones de habitantes, el 27 por ciento tiene más de 65 años. Entre ellos hay 65.000 centenarios, la cifra más alta del planeta, y un serio reto que, al aumentar cada año, obliga a buscar soluciones imaginativas para el futuro.

Banco de pruebas

Con un fuerte apoyo económico del Gobierno, que la utiliza como banco de pruebas, la residencia Shintomi es pionera en la utilización no solo de robots, sino también de los más sofisticados adelantos para atender a sus mayores. Además de estar acompañados por Sota, un sensor bajo el colchón de sus camas recoge las constantes vitales de los ancianos por si sufren algún problema durante la noche, así como las veces que se despiertan para contar sus horas de sueño y evaluar su descanso. Junto al botón de emergencia que pueden llevar colgado al cuello, otro panel sobre sus cabezas vigila los movimientos en la cama y avisa a los cuidadores si detecta que corren riesgo de caerse.
Cuando se despiertan, los mayores con más dificultades para moverse son levantados por Popo, una grúa de un metro con asideros laterales y ruedas que, con un arnés a la cintura, también les ayuda a caminar, manteniendo la estabilidad. Los casos más extremos de movilidad reducida duermen en una cama Reysone de Panasonic, cuyo colchón se divide por la mitad para que una parte sea retirada con la persona encima. Con diversas posiciones, se convierte en un cómodo sillón donde el anciano puede pasar el resto del día.

Más de mil euros

Además del medio centenar de mayores que viven en la residencia Shintomi, que pagan al mes entre 60.000 y 160.000 yenes (entre 460 y 1.230 euros), a su centro de día acuden cada jornada treinta ancianos, que deben ser traídos desde sus domicilios. Como algunos viven en bloques antiguos sin ascensor, los cuidadores los suben y bajan en la Scalamobil, una barra que se engancha a una silla de ruedas y dispone de frenos automáticos para reducir el esfuerzo.
Con desayuno, almuerzo y cena incluidos por 3.000 yenes (23 euros), los ancianos se pasan en el centro de día desde las ocho de la mañana hasta las siete de la tarde. Junto a los otros residentes, se entretienen con ejercicios y juegos dirigidos por robots como Pepper, uno de los más populares de Japón. Con su blanco cuerpo humanoide de más de un metro y su simpática carita, Pepper hace las delicias de los mayores, mientras canta y mueve los brazos para que le sigan.

Detectar emociones

Inventado por la empresa francesa Aldebaran, es comercializado por la operadora de telefonía Softbank por 200.000 yenes (1.535 euros), tiene conexión a internet en la pantalla sobre su pecho y detecta las emociones por las expresiones faciales y su tono de voz. Con unos programas que se pueden cambiar para cumplir distintas funciones, Pepper está cada vez más presente en la vida cotidiana de Japón y es habitual verlo dando la bienvenida e información a los clientes de hoteles, tiendas y bancos.
Para hacerle compañía a los ancianos, la residencia también usa a Palro, un pequeño robot de juegos creado por Fujisoft. Además, tiene varios modelos de Aibo, el famoso perro mecánico de Sony que ya no se fabrica, y de Paro, una mimosa foca de suave pelo que agradece las caricias ronroneando y guiñando los ojos. Gracias a la encantadora mueca de su rostro, que conquista por igual a niños y mayores. Paro tiene fines terapéuticos y ayuda a calmar a los pacientes con demencia. Así se ve en la residencia Shintomi, donde Takako Sugitani se olvida de su ansiedad haciéndole carantoñas a Paro mientras, en la mesa de al lado, Teruko Yoshida juega con dos perritos electrónicos, que le recuerdan a los de su familia.
«Los ancianos se sienten solos y los robots les ofrecen compañía», explica el director de la residencia, Kimiya Ishikawa. Trabajando en geriátricos desde 1981, se enorgullece de que este centro privado, que funciona desde 2001, «es un modelo en Japón porque está a la vanguardia tecnológica para mejorar su eficiencia y reducir la carga laboral de los empleados». A su juicio, «hemos llegado al límite del trabajo manual porque habrá una evolución en los robots, que serán dirigidos con inteligencia artificial».
Ese futuro ya se vislumbra en el Museo de la Ciencia e Innovación (Miraikan) de Tokio, donde se exhiben dos androides con forma de mujer. Una vestida y otra con su cuerpo mecánico al desnudo, que muestran lo avanzados que están los movimientos robóticos, cada vez más naturales y precisos. Pero la estrella del museo es Asimo, el robot con forma de astronauta diseñado por Honda que corre, baila, canta y chuta un balón. Una monada que cuesta un dineral, como los robots de la residencia Shintomi.

Andadores mecánicos

De los 33 millones de yenes (253.000 euros) que la residencia ha invertido en el último año fiscal para robots y tecnología, 31 millones (237.800 euros) han sido subvencionados por el Ministerio de Bienestar Social, que evalúa sus resultados.
Buen ejemplo de su carácter puntero son los andadores mecánicos de Honda que se usan en los ejercicios de rehabilitación, que facilitan los movimientos, y los protectores de caderas y trajes musculares que llevan los empleados para reducir su esfuerzo al levantar a los ancianos. «Con estos servicios sociales y adelantos tenemos que procurarle una vida digna a los mayores, porque llegará un día en que nosotros también lo necesitemos», aventura Ishikawa un futuro con robots para la tercera edad. En Japón, ya es el presente.

miércoles, 12 de julio de 2017

Los lugares donde más ancianos llegan a centenarios

Los lugares donde más ancianos llegan a centenarios

Factores como la emigración y la esperanza de vida inciden en la tasa de longevidad de la población mayor



Soria, Zamora, Ourense, Salamanca y Lugo son las provincias donde más centenarios hay por cada 100.000 habitantes, aunque en términos absolutos se concentran en las provincias más pobladas: Madrid y Barcelona. La concentración geográfica -excepto por Soria- por número de habitantes es tan evidente que uno se pregunta qué comen por allí o qué escalón evolutivo se han saltado para que tanta gente cumpla 100 años. "No se puede hablar de genes, ni de estilos de vida", descarta de un plumazo Antonio Abellán, investigador del Grupo de Investigación sobre Envejecimiento del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). "La Sanidad, las relaciones familiares y sociales son igual en esas comunidades que en las demás; no hay ninguna que castigue a los viejos", insiste, "ni que tengan una habilidad especial en cuidar".
No tan deprisa, dicen los expertos en fisiología. "Hay un conjunto de características genéticas que facilitan la longevidad", junto a otras condiciones ambientales (estilo de vida, dieta, etc), afirma María Ángeles Martínez de Pancorbo, directora del banco de ADN de la Universidad del País Vasco, que estudia la genética de personas longevas en Euskadi. Hay ciertas enfermedades que a menudo son legados familiares, como el cáncer o enfermedades cardiovasculares, explica, y que los grupos que sobreviven más tiempo no sufren.
"La concentración de centenarios en algunas provincias puede deberse al emparejamiento que se produce en esas zonas y que pasan la carga genética de generación en generación", añade Consuelo Borrás, fisióloga de la Universidad de Valencia experta en longevidad. Como han concluido sus investigaciones en el interior de Valencia y en Toledo, los genes tienen mucho que ver en que las personas sobrevivan tantos años: "La carga genética que tienen los centenarios es diferente a la de los que no llegan a esa edad y se parece más a la de los jóvenes que a la de los octogenarios".

Factores demográficos

Los datos sobre el número de centenarios -que en España eran 12.183 a 1 de enero de 2017, según datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística(INE)- son parte de la evolución del proceso de envejecimiento de la población, explica Abellán. Reflejan, además, que los más mayores duran más y este proceso se observa ya en los territorios que comenzaron el proceso de envejecimiento antes. "Proporcionalmente es lógico", asegura. Con el tiempo, a medida que la edad de la población vaya aumentando en otras pronvicias, el mapa se igualará.
Pau Miret, investigador en el Centre d'Estudis Demogràfics (CED) de la Universidad Autónoma de Barcelona, señala a la emigración como el factor principal que marca en el envejecimiento de un territorio, y en consecuencia, que más gente cumpla 100 años. En los movimientos migratorios son los más jóvenes los que se marchan. Es difícil que alguien no se haya cruzado a estas alturas con algún reportaje sobre cómo se están despoblando provincias como Soria o Teruel.
En el mapa se observa una clara brecha norte-sur que se explica también por las diferencias en la esperanza de vida, el segundo elemento que determina que en algunos lugares se soplen más velas, según Miret. Pero no se trata de la que se calcula para los recién nacidos, que en Galicia es de las más bajas de España, sino la  esperanza de vida saludable de la población mayor de 65 años, donde las provincias gallegas remontan.
Borrás coincide en que los factores que señalan los demógrafos son importantes para explicar la concentración geográfica, pero insiste en que no deben descartarse los genes. Aunque como señala Martínez de Pancorbo, "no se puede decir que la gente de esas zonas tenga una genética más favorable para la longevidad". Y no se puede porque no se ha investigado, según su experiencia, porque conseguir medios es "misión imposible". 
Nadie se atreve a señalar ningún ingrediente concreto que explique las diferencias entre provincias. Abellán, coautor de Un perfil de las personas mayores en España, 2017, explica que tampoco se han hecho estudios demográficos que establezcan una correlación entre comunidades con más equipamientos, recursos sanitarios y sociales destinados a mayores, y el número de centenarios. Concede, solamente, que "es posible que los recursos lleguen más y mejor a las personas mayores en comunidades como Castilla y León, donde menos personas jóvenes los necesitan".
Fuente: El País